La efectividad es el equilibrio entre la eficacia y la eficiencia. La eficacia es lograr un resultado (el enfoque está en el qué hacer), en cambio la eficiencia es la capacidad de lograrlo con el mínimo de recursos posibles (en enfoque está en el cómo hacerlo). Eres efectivo entonces cuando eres eficaz y eficiente. El Dr. Stephen R. Covey la define como el equilibrio entre la producción y la capacidad de producción (E = P/CP) en su libro “Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas”.

Un hábito, continuando con las definiciones, es un factor poderoso en nuestras vidas dado que sienta pautas consistentes (a menudo inconscientes), de modo constante y cotidiano, expresando nuestro carácter, y generando o deteriorando nuestra efectividad. El Dr. Stephen R. Covey define un hábito como la intersección de tres elementos: el conocimiento (saber qué hacer y porqué hacerlo), la capacidad (saber cómo hacerlo) y el deseo (querer hacerlo). Cuando se cuenta con esos tres factores se genera un hábito.

Por ejemplo el hábito de escuchar. Necesito tener el conocimiento sobre lo que debo hacer y porqué debo hacerlo: esto quiere decir que si en mis conversaciones hablo mucho y no escucho nada, debo incorporar una nueva pauta de conducta. Este es el primer elemento del hábito. Necesito tener la capacidad: si ya he detectado la necesidad de escuchar, debo saber cómo hacerlo, cómo escuchar realmente a la otra persona. Por último, necesito tener el deseo: si realmente tengo que hacerlo y sé cómo tengo que escuchar, sólo necesito la voluntad para querer hacerlo. Si trabajamos en cada uno de estos tres elementos podremos desarrollar el hábito.

Ahora bien, las personas altamente efectivas han creado ciertos patrones de conducta (hábitos), ya que tienen el conocimiento, la capacidad y el deseo de mejorar y optimizar su vida. Este esfuerzo está enfocado en 7 áreas de alto valor:

Ser proactivo. Esto implica no esperar a que alguien nos diga lo que debemos hacer, y ser responsables por nuestras decisiones y nuestras conductas.

Empezar con un fin en mente. Esto implica tener una dirección o meta clara para encaminar los esfuerzos, y aplicar el auto-liderazgo para motivarnos hacia la consecución de la meta.

Establecer prioridades. Hacer primero lo primero, atender las cosas que requieren de mayor esfuerzo temprano por la mañana, antes de “iniciar” el día, y aplicar la auto-adminsitración del tiempo.

Pensar en ganar-ganar. No buscar una solución que obligue a que una de las partes involucradas sienta que perdió algo en la negociación, si no buscar el beneficio mutuo.

Procurar primero comprender y después ser comprendido. El invertir la fórmula general de querer primero hablar (y convencer), antes de escuchar a los demás, cambia significativamente los resultados.

Buscar la sinergia. Esto puede verse aplicado en el trabajo sinérgico del equipo, cuando se logra la integración se obtiene la cooperación simultánea de las personas.

Afilar la sierra. Esto significa, dedicar tiempo y atención a ti mismo, a tu cuerpo (salud, ejercicio), a tu familia. No olvidarnos por quién y para qué trabajamos.

Por cierto, el octavo enfoque (hábito), es la constancia. Debemos realizar los 7 hábitos anteriores de manera constante, consciente y consistente, de otra manera será solo un destello repentino de iluminación.

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